En ocho años suceden muchas cosas. Un bebé se convierte en
niño, un niño en un joven adulto; se cursa una carrera universitaria y un
posgrado; se realizan dos copas del mundo y dos juegos olímpicos; un futbolista
joven se convierte en veterano; un equipo crea un legado… y muchas otras cosas,
con excepción de una: que el Arsenal gane un título.
Corría el mes de septiembre del ya lejano 1996, cuando fue
presentado en Inglaterra el nuevo DT del Arsenal, se trataba de un francés de
47 años de edad cuya apariencia era más bien la de un profesor de universidad que
la de un técnico de futbol. Proveniente del desconocido Nagoya Grampus de Japón
y con un pasado de moderado éxito con el AS Mónaco de su país, arribó Arsène
Wenger al banquillo gunner.
Generando más dudas que certezas, aquél hombre completamente
desconocido en el contexto inglés, que por aquellos años iniciaba una nueva
etapa en su futbol con la revolucionaria Premier League, Wenger comenzó a
trabajar con el club londinense, llamando la atención los cambios que generaría
en la metodología del entrenamiento y en la dieta de los jugadores. Los
resultados llegarían un año después.
Para su segundo torneo en el banquillo, “El Profesor” obtuvo
el título de la Premier League, así como la FA Cup; ahora el francés ya no era
un desconocido, se había ganado el respeto y, a la postre, la admiración de
muchos. Al cabo de 18 años al mando de los cañoneros, Wenger se ha convertido
en el técnico más veterano y ganador en la historia del club, con un total de
11 títulos; destacando sin duda el campeonato de liga de la temporada 2003-04,
el cual obtuvo de manera invicta, hazaña que sólo comparte con el Preston North
End.
Sin embargo ya han pasado ocho años desde que el Arsenal
obtuvo su último título –la FA Cup del 2005–, motivo por el cual el técnico
galo vuelve a generar más dudas que certezas. Que introdujo un estilo de juego
fresco al futbol inglés, no hay duda, que bajo su mando el equipo ha sacado
jugadores de grandísima técnica y asombroso talento, cierto es; pero eso no
lleva títulos a las vitrinas.
No habría problema alguno si se tratara de un equipo chico o
mediano, perteneciente a un pequeño poblado y con problemas económicos; pero se
trata del Arsenal, el tercer equipo con más títulos de Inglaterra,
perteneciente a una de las capitales más importantes del mundo, que si bien no
tiene un chequera ilimitada, tampoco carece de recursos económicos, se trata en
fin de un club grande. He ahí el problema.
En ocho años suceden muchas cosas, y una de ellas es la
pérdida de confianza en una pareja, el desgaste de una relación y la duda sobre
las habilidades de una persona; tanto Wenger como el Arsenal deben meditar si
es sano seguir con la relación. Los cambios siempre tienen algo (o mucho) de
bueno, a fin de cuentas nada es eterno. Lo mejor sería que “El Profesor”
emigrara a otra institución para impartir sus conocimientos, porque en su
academia actual pareciera que ya enseñó todas las lecciones que podía impartir.
