La máxima justa del balompié mundial y el evento deportivo
más esperado y anhelado por los aficionados en todo el orbe, ha llegado a su
fin. Brasil 2014, la vigésima edición del campeonato mundial de selecciones
nacionales, llegó a su fin el pasado 13 de julio, dejando consigo hechos que
pasarán a la historia, pues, así como cada torneo de ésta índole tiene
recuerdos para contar hasta el fin de la existencia, la justa llevada a cabo en
tierras cariocas no se ha quedado atrás.
Alegrías, tristezas, sorpresas, proezas, decepciones y ¡hasta
mordidas! han convertido a este Mundial en uno de los mejores de la historia.
Por lo que te invito a dar un repaso de todo lo acontecido, mismo que si bien
será breve, nos recordará esos sucesos que llevaremos por siempre en nuestro
imaginario colectivo, sucesos que nos permitirán sobrellevar los terribles
cuatro años de espera que se avecinan.
Brasil 2014 dio de qué hablar desde mucho antes del
silbatazo inicial en la Arena Corinthians. Problemas sociales, que evidenciaban
las carencias propias de un país tercermundista; con huelgas, marchas y
manifestaciones se buscó dar un mensaje al mundo, un mensaje de inconformidad, un
mensaje de que hay cosas más importantes que el futbol; un mensaje destinado a
no pasar de eso: un mensaje.
Ya en terreno futbolístico, pareciera que la selección local
fue un claro y nítido reflejo del estado actual de su país. Se vio un Brasil
débil, endeble, con poca luz y demasiada penumbra, un Brasil que se ofendió a
sí mismo y terminó siendo eliminado de forma humillante ante un rival que
demostró ser hasta siete veces superior. Un rival que curiosamente representa
el futbol de un país de primer mundo, resultando ser una victoria no sólo
futbolística, sino una victoria para echarle en cara a toda Latinoamérica lo
que es el primer mundo.
Al igual que Brasil, la mayoría –por no decir todas– las
selecciones representativas de América compitieron con su mejor y única arma:
la esperanza. Y así, con ese patético fusil, fueron cayendo una a una contra
rivales bien armados, bien alimentados y bien educados.
México sigue cayendo en su círculo vicioso, tropezando
siempre con la misma piedra y destinado a negar su pasado y, por ende, repetirlo
una y otra vez; apelando siempre a la ilusión, misma que tiene a su pueblo hundido
en la mediocridad. Colombia tuvo todo para triunfar, menos sed de gloria; de la
mano de un guía con nombre anglosajón y pronunciación latina, pereció en
cuartos víctima de sí misma. Uruguay hizo lo único que sabe hacer, jugar sucio,
y por ello no llegó, ni llegará, más lejos. Chile apeló a la suerte, misma que
le terminó por dar la espalda en el momento más determinante y le otorgó a
Brasil un falso diagnóstico para la enfermedad terminal que ya padecía.
Ecuador hizo lo que tenía que hacer, nada; Estados Unidos pareciera
empezar a comprender de qué se trata el futbol, pero sigue sin saber jugar;
mientras que Honduras debería haberse quedado en casa para resolver sus problemas
domésticos, que no son pocos ni sencillos de resolver.
De Argentina prefiero no hablar, me remito a decir que sólo
jugaron dos partidos y ninguno ganaron.
Para finalizar la actuación del continente, Costa Rica
mereció haber recibido al menos una medalla al valor, por haberse atrevido a
desafiar a las potencias teniendo una resortera como arma. Los ticos pasarán a
la historia de los mundiales con su actuación, misma que les valdrá para vivir
tranquilos por el resto de sus vidas. Sorprendieron al mundo y dejaron claro
que en un Mundial siempre hay lugar para los milagros y las inverosimilitudes.
Los representativos asiáticos dieron no sólo uno, sino
varios pasos atrás con su actuación en esta justa. Mientras que los africanos no
pasan de ser más que invitados.
Del lado europeo, Holanda sigue demostrando su incapacidad
de ganar partidos importantes; sin embargo Robben mereció más que el tercer
lugar obtenido; aunque se ganó el odio de todo un país. Francia comenzó “rompiéndola”
y terminó retirándose voluntariamente al no querer jugar contra Alemania. CR7,
con una sola pierna, fue incapaz de hacer jugar a sus compañeros y se convirtió
en una de las grandes decepciones; de haber estado completo otra cosa hubiese
acontecido. Finalmente, Inglaterra, Italia y España sumaron un fracaso más a su
larga lista (llena también de grandes momentos).
Las figuras individuales se hicieron presentes como siempre.
Neymar ilusionaba a un pueblo que lo buscaba encumbrar como ídolo nacional, sin
embargo, un rodillazo lo marginó de la gloria, o de la villanía. James enamoró
al mundo entero con su performance
pero su equipo no tenía la misma hambre que él. En cambio, hambre fue la que le
sobró a Luis Suárez, quien confirmó el mote del jugador más sucio de la
historia que ostenta. Messi se cansó de vomitar y de esconderse; mientras que
Robben, Müller y Kroos se cansaron de mostrarse, así como Schweinsteiger se
cansó de ser golpeado en la final.
Miroslav Klose se convirtió en el máximo anotador en la
historia de los mundiales, superando a Ronaldo en Brasil y contra Brasil; por
si había algo en que los alemanes no fuesen el primer lugar.
Por primera vez se implementó la tecnología en el futbol y
por primera vez se coronó una selección europea en América.
Finalmente el campeón, Alemania merecía el título desde que
bajó del avión, y lo consumó humillando al anfitrión con una goleada que pasará
a la historia. Sigo sin saber por qué la FIFA no omitió la final y le dio la
copa inmediatamente a los alemanes. Que tiemblen los judíos, los gringos, los
ingleses, los japoneses, rusos, franceses, italianos y el resto del mundo,
porque se avecina la Tercera Guerra Mundial. Alemania está en plenitud
económica, social y ahora deportiva, demostrándonos que el übermensch existe.
Brasil 2014 terminó, dejándonos grandes momentos y extraordinarias
historias, mismas que perdurarán por siempre y serán archivadas junto al Maracanazo,
el Milagro de Berna, los dos mundiales de Mussolini, el Jogo Bonito, la Mano de Dios, el Gol y el Partido del Siglo, el Gol
Fantasma, el penal fallado de Baggio, las convulsiones de Ronaldo, los goles de
Zidane y su cabezazo a Materazzi, así como el gol de Iniesta.
Será difícil, pero deberemos esperar cuatro tortuosos años
para ver cómo se sigue escribiendo la historia. Mientras tanto, disfrutemos de
la Copa América, Eurocopa, Champions League y, por supuesto, la Liga MX.
Crédito de imagen: http://www.cubadebate.cu/
