Primero Alex Ferguson, después Paul Scholes (por segunda
ocasión) y ahora Beckham. En lo que va del mes de mayo la afición Red Devil y del futbol mundial ha
sufrido tres impactos profundos. Así, en sólo 16 días, han dicho adiós el quizá
mejor técnico de la historia, el mediocampista más completo del futbol inglés
y, ahora, el futbolista más mediático de la historia y uno de los de mejor
toque de balón.
Debo admitir que la noticia me sorprendió, y no sólo a mí
sino al mundo futbolístico, nadie esperaba que el Spice Boy se retirara en la presente temporada, menos aun cuando
apenas en el mes de enero se anunció su llegada al PSG. Sigo en shock, ya que
Beckham marca toda una etapa en mi vida, pero ese no es el punto de la presente
columna. El objetivo es reseñar una estupenda carrera llena de logros
individuales y colectivos. Antes de seguir quisiera decir que ésta es la
primera parte de la columna sobre Beckham, la segunda incluirá datos y cifras
referentes al astro inglés.
La mayoría de la gente, en especial los seguidores
“casuales” de futbol, han estigmatizado la figura de David como meramente una
imagen publicitaria; no los culpo, sin embargo siempre me ha molestado que sólo
vean una cara de la moneda. Sin duda alguna, Beck´s terminó de revolucionar la comercialización del futbolista,
iniciada por El Fenómeno Ronaldo, sin
embargo su carrera no se reduce a eso.
Como es sabido por todos los futboleros, los orígenes de
Beckham se encuentran en el Manchester United, club al que llegó a los 16 años
y en el que cosechó gran parte de sus logros deportivos e inició la
“comercialización” de su imagen. Debutó en el primer equipo a los 17 años, formando
parte de la fabulosa camada denominada como los Fergie Boys, al lado de Paul Scholes, Ryan Giggs, Nicky Butt, y los
hermanos Neville (Gary y Phil). Alcanzando el clímax en la temporada 1998-99,
donde el ManU ganó el triplete (Champions, Liga y Copa), y, en el mismo
año, sucedió otro acontecimiento importante en su carrera: el matrimonio con
Victoria Adams (quizá lo que más le envidian la mayoría de sus fans).
¿Por qué resulta importante este acontecimiento? Porque
marcó el inicio de su marketing
personal. Recordemos que Victoria era integrante de las Spice Girls (banda de pop formada por chicas sexys muy popular en
esos tiempos), esto aunado a la apariencia física de David (como el “súper
hombre” que proponía Nietzsche), y a su creciente popularidad, además claro de
sus dotes futbolísticos, pronto lo convirtieron en el modelo perfecto para todo
tipo de marcas.
Beckham triunfó y ganó todo lo que podía ganar en el
Manchester United, el club de sus amores, por lo que una nueva etapa estaba a
punto de comenzar: la era galáctica.
En 2003 David pasó del equipo más poderoso económicamente hablando al más
mediático, el Real Madrid. Inmediatamente explotó el caos en los medios, el
primer enigma era qué número usaría en su dorsal (ya que el Ángel de Madrid portaba el 7), la
incógnita fue descubierta, el número que lo acompañaría de ahora en adelante
sería el 23, resultado de una apuesta mercadológica llevada a cabo por adidas, imitando a la llevada a cabo por
Nike en los noventas con Michael
Jordan.
La era galáctica no
fue la más redituable en cuanto a títulos deportivos, pero marcó un parteaguas
no sólo en la vida de Beckham, sino en el rumbo que tomaría el futbol (tema
digno de un análisis en el futuro). El desempeño futbolístico del astro inglés
nunca se vio alterado por la infinita popularidad alcanzada, pese a que sus
detractores opinaban lo contrario, Beckham corría, barría, recuperaba balones,
ponía pases de gol con el guante poseído en su pie derecho, incluso anotaba
algunos goles y aun así, se daba tiempo para posar frente a las cámaras.
Su imagen llegó para quedarse en el mercado asiático, que
había sido poco explotado hasta ese momento, firmando contratos con todo tipo
de empresas. Todo iba bien hasta que anunció su fichaje con Los Ángeles Galaxy,
pese a estar en su derecho al tener sólo seis meses de contrato, Fabio Capello,
entonces DT del Madrid, lo mandó a la banca, sin embargo cuando las cosas
empezaron a ponérsele difíciles, recurrió al Spice Boy para asegurar la Liga.
David llegaría ahora a Hollywood, insertándose en el mercado
más poderoso del mundo, todos pensaban que era el primer paso para cambiar las
canchas por la pantalla grande, en cambio Beckham respondió ayudando a coronar
al Galaxy, si bien su desempeño al inicio dejó que desear, pudo componerlo y
darse el lujo de ser campeón una vez más. Parecía que el ex capitán de la
selección inglesa nunca volvería a jugar futbol de primer nivel, por lo que
sorprendió a muchos cuando se anunció su préstamo al AC Milan; David “revivió”
a un Milan que se olía a rancio y le inyectó una dosis de motivación.
Después de pasar un tiempo en la “capital de la moda”
regresó a Los Ángeles, sólo para ser campeón y anunciar que se iría de EE UU,
su destino parecía incierto, más aun cuando se anunció que viajaría a París para
enrolarse con el equipo de dicha ciudad, un club con poca historia pero con
muchos “billetes” recientemente. Sin embargo, quedó claro que no fue ahí por el
dinero, prueba de ello fue donar su salario a la beneficencia, fue porque aun
tenía hambre de futbol, ¿qué pasó?, volvió a salir campeón.
El anuncio de su retiro cayó como balde de agua fría, pero
no hay nada que reprocharle. Beckham ha significado mucho para el futbol y el
futbol ha significado mucho para Beckham. Ninguno le debe nada al otro. Siempre
será recordado por su fantástico toque de balón, su sacrificio dentro de la
cancha, su expulsión frente a Argentina en el 98, su penal que eliminó a
Argentina en el 2002 obteniendo revancha, su número 7, su número 23, su número
32, sus distintos looks, su magistral
cobro de tiros libres, sus golpes al pasto cuando fallaba penales, su imagen
publicitaria, su gafete de capitán en la selección inglesa… y por ser
simplemente un fenómeno, un rey.
