26 septiembre 2011

¿Y el proyecto apá?

   Con el despido de Carlos Reinoso y Rubén Omar Romano el pasado 17 de septiembre, además del de Joaquín Del Olmo un día después, se suman ya seis ceses en lo que va del Apertura 2011, con esto, un tercio de los equipos de primera división ha cambiado de técnico en 10 jornadas. Los tres personajes mencionados se suman a Gustavo Matosas, José Luis Sánchez Solá y Diego Cocca como los técnicos que han quedado sin trabajo en el presente torneo.

   Algo bastante común en nuestro balompié, ya que desde la instauración de los torneos cortos en México allá por el año de 1996, la palabra proyecto parece no existir en la mente de los dirigentes, por lo menos en la mayoría de ellos, pues basta con una mala racha de partidos sin victoria para echar a la calle al técnico en turno.
   La lista es interminable, pero no sólo eso, además surge lo denominado como “reciclaje de técnicos” que consiste en contratar a un estratega que anteriormente ya dirigió al equipo, no importando si tuvo un buen o mal rendimiento. Esto refleja un problema que atañe no sólo al ámbito del futbol nacional, sino también al aspecto político y social del país: se busca un cambio de forma, mas no así de sustancia.
    Las directivas se escudan diciendo que el futbol es de resultados inmediatos cuando se tienen claros ejemplos de lo que un buen proyecto a largo plazo puede hacer: España campeón del mundo con Vicente del Bosque continuando el proceso iniciado por Luis Aragonés, Barcelona multicampeón respetando una sólida base desde los equipos inferiores, Manchester United que no se cansa de ganar títulos con Sir Alex Ferguson en el banquillo desde hace más de 25 años. En lo que respecta al ámbito nacional, se acaba de ganar el Mundial Sub-17 realizado en nuestro país siguiendo y respetando un proceso, ejemplos hay y de sobra. El error es pensar que el éxito llegará en dos, tres o cuatro semanas, cuando un verdadero proyecto toma años, meses siendo estrictos para dar los resultados esperados.
   Las directivas de los equipos no trabajan en un verdadero plan a largo plazo para el beneficio de sus propias instituciones, sólo piensan en cómo obtener los próximos tres puntos, de ahí las decisiones precipitadas que se toman ya no digamos en la destitución de directores técnicos, sino en la renovación de planteles completos de un torneo para otro, falta de continuidad en sus directivos, compras de pánico en las ventanas de transferencias y bueno, todas las bondades que ofrecen los famosos torneos cortos, que no traen más beneficio que el de realizar dos liguillas por año y con ello una fuerte inyección de dinero para la Federación Mexicana de Futbol (FMF). Quien se conforma y se siente orgullosa de tener la décimo tercer mejor liga del mundo según la Federación Internacional de Historia y Estadística de Futbol (IFFHS, por sus siglas en inglés). Mientras haya dinero al diablo el espectáculo.
   Soluciones mediocres para una liga mediocre, no cabe duda que mientras no se cambie a los torneos cortos por temporadas largas y se planeen y respeten proyectos a largo plazo el desfile y reciclaje de técnicos continuará, una verdadera utopía en una liga donde se anteponen los intereses económicos a los deportivos.